Los recientes anuncios de nuevos aranceles por parte de Estados Unidos y China han reavivado las tensiones comerciales entre ambas potencias, pero esta vez el impacto está resonando con más fuerza en Latinoamérica y en los mercados financieros globales.Estados Unidos activará un arancel base del 10% a la mayoría de importaciones a partir del 5 de abril de 2025.
Aunque el enfoque está en China, esto también afectará productos provenientes de países latinoamericanos.China, en respuesta directa, impone aranceles del 34% a productos estadounidenses desde el 10 de abril, incluyendo sectores clave como alimentos, tecnología y materias primas.
Los países de la región no son simples observadores, sino piezas clave en esta partida comercial:
México, como socio cercano de EE.UU., podría experimentar una presión doble: competencia en exportaciones y mayor costo en insumos importados.
Brasil , fuerte exportador agrícola y minero, se ve amenazado por el encarecimiento de insumos industriales y por la volatilidad del yuan y el dólar.
Chile y Perú, con economías altamente dependientes de la exportación de cobre y minerales, podrían ver una reducción en la demanda de China, que busca alternativas para contrarrestar las sanciones.
Argentina y Colombia, con balanzas comerciales frágiles, sentirán los efectos en inflación, deuda y devaluación de sus monedas.Wall Street ha mostrado señales de nerviosismo. Las acciones tecnológicas y de consumo han caído ante el temor de menor rentabilidad por el alza de costos de importación.
Los índices bursátiles en América Latina (como el Bovespa en Brasil y el IPC en México) han registrado caídas de entre 1.5% y 3.2%, anticipando contracciones en sectores exportadores y manufactureros.
Inversionistas internacionales están migrando hacia activos refugio, como el oro, el dólar estadounidense y bonos del Tesoro, generando aún más presión sobre las monedas latinoamericanas.Incremento de la inflación: Las empresas trasladarán los costos a los consumidores. El impacto será mayor en países dependientes de importaciones (como muchos en Latinoamérica).
Ralentización del comercio mundial: Se estima una posible caída del 1% en el PIB global si estas medidas se mantienen durante el segundo semestre de 2025, según el FMI.
Desaceleración industrial: La industria automotriz, tecnológica y agrícola, todas altamente globalizadas, ya muestran señales de desaceleración por interrupciones en la cadena de suministros y aumento de tarifas.
Clima de inversión inestable: Inversionistas están en modo “espera”. Los flujos de capital podrían disminuir en mercados emergentes, especialmente en América Latina, afectando empleo y crecimiento.